¿Qué es el Slow Fashion? Más allá de la moda sostenible


¿Qué es el Slow Fashion? Más allá de la moda sostenible

Cuando escuchamos el término Slow Fashion, la mayoría pensamos automáticamente en sostenibilidad y cosas tipo: algodón orgánico, ateriales reciclados y menos emisiones.

Y, aunque todo eso forma parte del movimiento, creo que reducir el Slow Fashion a una cuestión medioambiental es quedarse en la superficie.

Porque en Pole Pole Fashion creemos el Slow Fashion no nació para vender ropa ecológica, sino que nació para cuestionar la velocidad con la que consumimos.

Vamos a poner un poco las cosas en orden.

El origen del Slow Fashion

El término Slow Fashion fue acuñado en 2007 por la investigadora y profesora Kate Fletcher, una de las voces más influyentes en sostenibilidad aplicada al diseño. Inspirándose en el movimiento Slow Food, Fletcher defendía la idea que la moda no tenía por qué seguir el mismo ritmo frenético que el mercado. Y tiene sentido.

No hace falta entender mucho de moda para darse cuenta que  la industria de la moda lanza colecciones cada vez más rápidas, prendas cada vez más baratas y tendencias que cambiaban casi semanalmente (claro ejemplo es Zara, H&M, Shein, etc).

Cuando la velocidad se convierte en el producto

Durante las dos últimas décadas, la industria ha perfeccionado un modelo extraordinariamente eficiente.

Marcas como Zara revolucionaron la cadena de suministro acercando el diseño a millones de personas con una velocidad nunca vista. Más tarde, plataformas como Shein llevaron esa lógica todavía más lejos gracias a los datos en tiempo real, la producción bajo demanda y una capacidad casi inmediata para responder a cualquier tendencia.

Desde un punto de vista empresarial, el modelo es brillante. Pero también ha cambiado nuestra relación con la ropa. Ya no esperamos una nueva temporada (como hacíamos antes). Ahora esperamos una nueva tendencia. Y cuando la tendencia desaparece, muchas veces la prenda también (y esto no es sostenible).

Una cifra que debería hacernos reflexionar

Cada año el mundo genera alrededor de 92 millones de toneladas de residuos textiles.

Para hacerse una idea de esa magnitud, el equivalente a un camión de basura lleno de ropa termina en un vertedero o es incinerado cada segundo.

Lo que es más alucinante es que la producción mundial de ropa se duplicó entre los años 2000 y 2015, mientras que el número de veces que utilizamos una prenda disminuyó aproximadamente un 36 %.

Y nosotros ya no nos preguntamos solo la cantidad de productos que se llegan a producir, sino ¿Por qué dejamos de valorar tan rápido aquello que acabamos de comprar?

¿Nuestras hijas podrán heredar la ropa que nos compramos ahora? Lo dudo.

Slow Fashion no significa comprar menos. Significa comprar diferente.

Aquí creo que existe uno de los mayores malentendidos. El Slow Fashion no consiste en llenar el armario de lino beige. Ni en comprar únicamente ropa artesanal. Ni siquiera en dejar de comprar.

Consiste en cambiar las pregunta.

En lugar de preguntarnos: ¿Está de moda? ¿Es de algodón sostenible?

Empezamos a preguntarnos:

  • ¿Quién hizo esta prenda?
  • ¿Dónde fue confeccionada?
  • ¿Cuánto tiempo durará?
  • ¿Podré seguir llevándola dentro de diez años?
  • ¿La repararía si se rompiera?

Parece un pequeño cambio. Pero transforma por completo nuestra forma de consumir.

Las marcas que han entendido este cambio

No todas las marcas que apuestan por el Slow Fashion son iguales.

Patagonia convirtió la reparación de prendas en parte de su modelo de negocio, con campañas como Worn Wear, invitando a prolongar la vida útil de la ropa antes que sustituirla.

Asket basa su propuesta en un armario permanente, alejándose de las temporadas tradicionales.

Brunello Cucinelli lleva décadas defendiendo una producción más pausada, donde la calidad del tejido y la confección están por encima del volumen.

Incluso firmas como Hermès mantienen talleres especializados en restaurar bolsos y piezas con décadas de historia.

Entonces… ¿es el Slow Fashion el futuro?

Creo que el Fast Fashion no va a desaparecer. Sigue respondiendo a una necesidad real: hacer la moda accesible para millones de personas. Y esto me parece bien (en cierta manera).

Pero también creo que están entrando muchas marcas al mercado que compiten por crear prendas que permanezcan.

Y quizá ahí esté el verdadero significado del Slow Fashion.

No producir despacio. Sino en Crear con la intención de que una prenda siga teniendo sentido dentro de diez años.

Quizá el mayor éxito del Fast Fashion fue enseñarnos a comprar más rápido.

Quizá el mayor reto del Slow Fashion sea enseñarnos a volver a enamorarnos de una misma prenda.

La visión de Pole Pole

En Pole Pole no entendemos el Slow Fashion como una etiqueta. Lo entendemos como una forma de trabajar. Por ello, viajamos a los países de origen de Africa para conocer a las mujeres que van a diseñar. Miramos de respetar no solo el producto sino también la tradición. 

Creamos piezas piezas que cuando alguien te dice: "Qué bonito esto que llevas", Tu no le contestes "Bah, 30€ de rebajas del Zara". Sino que puedas contestar contando la historia que hay detrás de esa prenda. Una prenda con alma. 

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