Cómo reconocer una prenda de calidad: la etiqueta dice más que la talla


Cómo reconocer una prenda de calidad: la etiqueta dice más que la talla

Hay un gesto que repetimos casi sin pensar cada vez que entramos en una tienda.

Cogemos una prenda de la percha, buscamos la etiqueta y comprobamos si pone S, M o L. Si encontramos nuestra talla (y el precio nos va bien) nos la probamos. Si no, seguimos caminando. Lo mismo pasa cuando compramos online: miramos el precio y si está disponible en nuestra talla, pero muy pocas veces analizamos la composición del tejido.

Lo curioso es que casi nunca miramos la otra etiqueta. Esa pequeña pieza de tela escondida en el interior que, silenciosamente, contiene mucha más información sobre la prenda que el precio o la marca.

Quizá porque nadie nos ha enseñado a leerla. Y, sin embargo, ahí está escrita gran parte de la historia de lo que vamos a llevar puesto durante los próximos años (si es que dura tanto).

Vivimos en una época en la que más o menos sabemos interpretar la etiqueta de un buen vino, diferenciamos un aceite de oliva virgen extra de uno refinado e incluso prestamos atención al origen del café que tomamos cada mañana. Sin embargo, la mayoría desconocemos de qué está hecha la ropa que llevamos sobre la piel durante más de ocho horas al día.

Curioso, pasamos más tiempo con una camisa que con una taza de café, pero conocemos mucho menos sobre ella.

Nuestra intención con este post es enseñarte cómo leer estas etiquetas para que al menos sepas lo que estás poniendo encima de tu piel al menos 8h al día.

PRIMERO mira los materiales de los que está hecho.

Porque un 100 % lino, una lana merina, un algodón de fibra larga o un cashmere de calidad cuentan una historia completamente distinta a la de una mezcla de fibras como el poliéster diseñada únicamente para reducir costes.

No porque las fibras sintéticas sean siempre malas. De hecho, en determinadas prendas técnicas son imprescindibles. El problema aparece cuando sustituyen materiales naturales únicamente para fabricar más deprisa y más barato.

Existe un dato que pocas personas conocen: Una fibra de algodón de mayor longitud necesita menos uniones para formar un hilo. Eso significa menos puntos débiles, menos roturas y una superficie más lisa que resiste mejor el uso y genera menos bolitas con el paso del tiempo.

Es una diferencia invisible. Pero también es la diferencia entre una camisa que sigue acompañándote dentro de diez años y otra que pierde su forma después de unos pocos lavados.

SEGUNDO mira de dónde procede.

No porque un país garantice por sí solo una mejor calidad. Sería demasiado simplista pensarlo. Pero conocer dónde se ha confeccionado una prenda nos recuerda algo importante: detrás de cada costura siempre hay una persona.

Durante décadas, muchas casas de lujo europeas construyeron su reputación alrededor de pequeños talleres donde el conocimiento pasaba de generación en generación. Hoy ese mismo saber hacer también puede encontrarse en lugares que rara vez asociamos con la alta artesanía.

En Tanzania, por ejemplo, hay mujeres que dominan técnicas textiles transmitidas durante generaciones. No trabajan con la velocidad de una cadena de producción. Trabajan con el ritmo que exige hacer bien las cosas.

Quizá por eso nos gusta tanto la expresión Pole Pole.

No significa únicamente "despacio". También significa dar a cada proceso el tiempo que necesita.

Otra línea de la etiqueta suele pasar desapercibida:

TERCERO mira los símbolos de lavado.

Confieso que durante años los ignoré por completo.Hasta que comprendí que muchas prendas no se estropean porque sean de mala calidad, sino porque nunca aprendimos a cuidarlas. La clave es: lavar menos, lavar con agua fría, secar al aire, guardar un jersey doblado en lugar de colgarlo.

Todos estos son pequeños gestos que pueden duplicar la vida útil de una prenda.

La organización británica WRAP estima que prolongar la vida de una prenda apenas nueve meses puede reducir de forma significativa su huella ambiental, al disminuir las emisiones de carbono, el consumo de agua y los residuos asociados a la fabricación de una nueva.

Quizá cuidar mejor también sea una forma de consumir mejor 😉.

Te animo a leer las etiquetas de lo que compras, más allá de la talla, el precio o el logo. Porque el verdadero lujo no siempre se reconoce a primera vista.
 A veces está escondido en la etiqueta que casi nadie se detiene a leer.

_________________________

Si quieres saber más sobre nosotros regístrate gratis a Letters from Pole Pole.